Un diagnóstico es un proceso ordenado y sistemático que permite estudiar datos y hechos con el fin de reconocer una circunstancia o problema, enfermedad o situación, a partir de observaciones y datos concretos. La palabra proviene del griego, día, que quiere decir “a través” y gnosis, “conocimiento o discernimiento”, significa un distintivo, una resolución o una decisión. Hoy en día el término se aplica al proceso de elaboración de la decisión en salud dada por un médico o un psicólogo a su producto o conclusión y tiene varios propósitos:
- Entender que pasa antes de actuar
- Buscar datos
- Asociar señales o síntomas
- Analizar la información
- Hallar la causa principal de un problema
- Comunicación efectiva con otros profesionales
- Como guía clínica, ayuda a seleccionar terapias y fármacos específicos para cada uno de los cuadros sintomáticos
- En investigación, facilita la creación de grupos homogéneos para estudiar nuevos tratamientos
- Acceso a recursos: organiza coberturas de salud, apoyos escolares y programas sociales
- Ayuda en la predicción científica sobre el caso
- Aporta claridad clínica y permite acceder a tratamientos basados en la evidencia y adaptados a cada condición específica.
- Ayuda a entender los síntomas y quita la culpa personal, atribuyendo la conducta a una condición tratable.
- Confirma que lo que se siente es real y compartido con otras personas (validación).
- Reduce la incertidumbre sobre los que está ocurriendo en la mente (alivio emocional)
- Detiene el avance del problema antes de llegar a una crisis aguda (intervención temprana)
- Facilita una recuperación más rápida y previene recaídas graves (mejor pronóstico).
- Conecta con grupos de apoyo en donde se comparten estrategias de superación o psicoeducación.
- Facilita adaptaciones y permisos oficiales respaldados por un médico
La clínica en el manejo de los problemas de salud mental utiliza como herramienta fundamental el diagnóstico diferencial. El objetivo clínico de este diagnóstico es entender suficientemente al paciente, tanto por parte del profesional para dar cuenta de su cuadro en términos claro como por la del paciente para entender y darle sentido a sus síntomas, para permitir que las decisiones concernientes al tratamiento sean juiciosas e individualizadas. Este es la puerta de entrada a cualquier tratamiento posible.
La decisión sobre la asignación de un diagnóstico tiene implicaciones éticas que merecen ser analizadas: el riesgo de que el profesional haga una mala aplicación de sus categorías o en casos más complejos, su abuso, conlleve a un daño en la persona por la asignación de un diagnóstico errado, por la elección de un mal pronóstico o la aplicación de un tratamiento incorrecto. Sin embargo, la culpa no es del proceso en sí mismo, sino de quienes lo aplican.
Adicionalmente, un diagnóstico por sí solo puede decirnos poco sobre la causalidad de un trastorno psiquiátrico o psicológico. El diagnóstico no ofrece información sobre la experiencia de la persona con su trastorno. Kendell & Janlensky (2003), reconocieron que, si bien los diagnósticos pueden ser “…conceptos de trabajo útiles para los clínicos” (p.4), muchos no son “válidos”, en el sentido de que no son “entidades discretas con límites naturales que los separen de otros trastornos” (p.4). Además, Tarrier & Calam (2002) señalaron que los diagnósticos que se realizan con base en el DSM y en el sistema de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) a menudo se basa en la selección de una lista de síntomas en la que algunos elementos están presentes y otros ausentes, es posible que dos personas tengan el mismo diagnóstico con pocos, y en algunos casos, ningún síntoma en común. Por ejemplo, de los 18 criterios que permiten identificar a un niño con TDAH (6 del componente de inatención y 6 de hiperactividad e impulsividad), necesarios para el diagnóstico y que puede llegar a cumplir un paciente, no siempre serán los mismos que tenga otro niño igualmente diagnosticado con el mismo trastorno.
Otras de las desventajas de la decisión de asignar un diagnóstico en salud mental, son las siguientes:
- Un diagnóstico formal puede provocar juicios, prejuicios o discriminación en el entorno laboral o personal (rechazo social).
- Un diagnóstico una vez asignado, es difícil de retirar de la historia clínica y personal de un paciente.
- La persona a menudo pasa a ser reconocida a través de su trastorno y no como un ser humano completo (pérdida de individualidad)
- El temor a recibir un diagnóstico oficial hace que muchas personas eviten acudir a profesionales de la salud a tiempo.
- La tendencia a confundir problemas cotidianos (estrés normal de la vida o momentos de tristeza profunda) como enfermedades o trastornos clínicos.
- Un diagnóstico apresurado suele llevar a recetar fármacos que tal vez no sean necesarios.
- Un error en el diagnóstico puede provocar tratamientos inadecuados que empeoren la situación actual del paciente.
- Al centrarse solo en la categoría del trastorno, se descuidan los recursos comunitarios y el apoyo emocional que brinda el entorno.
- El paciente puede asumir la enfermedad como parte de su identidad personal y perder la esperanza de mejorar
Una alternativa a las limitaciones al uso del diagnóstico en salud mental es el uso, por parte de los clínicos, de la herramienta de la formulación o conceptualización de casos. La formulación recoge una síntesis de la experiencia del paciente con la teoría e investigación clínicas pertinentes, autores como Kuyken & Padesky (2009) lo ven como “…el puente entre la evaluación y el tratamiento”. Algunas de las funciones que puede cumplir la formulación son: comprender los factores etiológicos significativos que han influido en la presentación de los síntomas en la persona; identificar las dificultades que son clave; guiar que intervenciones deben utilizarse y en qué orden, y anticipar los desafíos que pueden ocurrir durante el curso del tratamiento. La formulación se ha utilizado en múltiples trastornos en niños, adolescentes y adultos y puede ser muy útil para personas que no han tenido una respuesta adecuada a las intervenciones tradicionales, personas que tienen trastornos del Eje II (trastornos de la personalidad y discapacidad intelectual) o cuando la comorbilidad complica la elección de que intervenciones deben utilizarse primero (Restifo, 2010; Pearson, 1989; Sturmey, 2009; Mumma, 1998 & Tompkins, 1999).
Los profesionales interesados en el diagnóstico generalmente están motivados por preguntar ¿qué trastorno tiene la persona?, los profesionales que utilizan la estrategia de la formulación se preguntan ¿qué le ha pasado a esta persona y cómo le afecta?, tratando de integrar su historia de vida, contexto y recursos.
También existen otros enfoques, como el biográfico y contextual, en donde se interpreta el malestar emocional como una respuesta lógica a situaciones vitales que son difíciles para una persona, como el estrés crónico, traumas o problemas sociales, más que como un fallo biológico del individuo.
- Kendell, R., & Jablensky, A. (2003). Distinción entre la validez y la utilidad de los diagnósticos psiquiátricos. Am j Psychiatry. 4-12
- Kuyken, W., & Padesky, CA., & Dudley, R. (2009). Conceptualización colaborativa de casos: cómo trabajar eficazmente con clientes en terapia cognitivo conductual. Nueva York: Guilford Publications.
- Mumma, GH (1998). Mejora de las formulaciones de casos cognitivos y la planificación del tratamiento en la práctica clínica y la investigación. J Cogn Psychother, 12: 251-274
- Persons, JB. (1989). Terapia cognitiva en la práctica: un enfoque de formulación de casos. Nueva York: Norton and Co.
- Restifo, S. (2010). Una categorización empírica de factores psicosociales para la formulación de casos clínicos y la planificación del tratamiento. Australas Psychiatry, 18 (Suppl 3): 210-213.
- Sturmey, P. (Ed). (2009). Formulación de casos clínicos: variedades de enfoques. West Sussex: Wiley-Blackwell.
- Tarrier, N., & Calam, R. (2002). Nuevos avances en la formulación de casos cognitivo-conductuales.
- Tompkins, MA. (1999). Uso de una formulación de caso para manejar la falta de respuesta al tratamiento. J Cogn Psychother, 13 (Suppl 4): 317-330.